lunes, 13 de agosto de 2007

Diferencias en la mesa

La actividad consistía en lo siguiente. Éramos un número grande de jóvenes, imaginemos que entre 40 y 50, que hambrientos nos disponíamos a ir al comedor que era un salón habilitado para eso. Había 8 mesas numeradas y cada uno tenía la instrucción de sentarse en la del número que le tocara. Habían una regla clave: Estaba prohibido pasar comida de una mesa a otra, solo sentarse en la que te tocara, con los que te tocara y comer.

Entonces me siento en una mesa donde (con una mezcla de emoción, ansiedad y hambre gigantesca) veo que tenemos además de leche, panes, mantequilla, mermelada y galletas en abundancia, una torta de chocolate entera para nosotros, 5 o 6 jóvenes. Definitivamente nos estaban dando mucha comida y yo podía elegir lo que quisiera. La contemplación panorámica de
aquella escena me aseguraba que no iba a quedar ni con hambre ni sed y que tendríamos de sobra. Todos los de esa mesa empezamos a servirnos y a abastecernos de lo que teníamos al alcance. Sin embargo, mientras nosotros disfrutábamos nuestra situación empezamos a darnos cuenta de que había cierto “alboroto social” e incomodidad entre algunas mesas ajenas a la nuestra. Y era cierto. Una mesa vecina poseía solo un pedazo de torta, poca leche, nada de galletas y algo así como 2 panes para 6 personas. Otras mesas tenían
una situación más abundante que esos vecinos, pero nadie más que nuestra mesa.

Aquel experimento social dio origen a varias reacciones interesantes. Algunos, de las mesas mas desposeídas, se pararon y empezaron a manifestarse, porque no entendían que estaba pasando, otros preocupados no sabían que hacer, otros secretamente decidieron romper la ley y convidarse un poco de comida de mesa a mesa. También es interesante reflexionar de que la mayoría de los que tenían poca comida aprovecharon de conversar y hacerse amigos “entre la mesa” y nosotros teniendo en abundancia no dialogamos casi nada entre nosotros. Hubo menos calor humano.

¿Qué era todo eso?: intencionalmente habían distribuido los alimentos de las mesas en forma proporcional con las diferencias de ingresos en la sociedad chilena en 8 grupos, vale decir, hicimos una maqueta de Chile en cuanto a las diferencias sociales divididas en 8 mesas y vimos los resultados y reacciones, que después comentamos en reunión. Y lo mas serio fue que lo hicimos con comida, poniendo el hambre de nosotros mismos al juego. A mí misteriosamente me tocó ser de la minoría pudiente de la sociedad, de la única mesa que tenia una torta entera para 6 personas. Me podría haber tapado los oídos y no escuchar “el alboroto social” o las protestas que hacían los de las otras mesas, (porque yo estaba de lo mas bien) pero cuando veías que un amigo tuyo estaba en una mesa de 2 panes para 7 personas tú decías ¿Cómo es posible que nosotros tengamos 2 kilos de pan y una torta entera para nosotros?, o después ¿Cómo es posible que me haya pasado toda la comida (que es una metáfora de la vida) pensando en mi mismo y sin crear esa “calidez humana” que creaban las mesas mas desposeídas al verse compañeros de una misma situación? ¿O no haberme dado cuenta mientras comía tranquilamente, que la mesa 3 y la 4 protestaban por hambre?

Potente actividad que no solo la entendimos con la cabeza, sino también con el corazón y especialmente con el estomago.

3 comentarios:

Ich dijo...

El tema es clave. Lo más certero es que ustedes eran amigos, compañeros de comunidad. En Chile han quienes han perdido la confianza en el otro. El gran sueño de un estadista pasado, pre-73's, "un Chile que sea comunidad de comunidades" se está quebrando todos los días cuando hacemos caso omiso al calentamiento social de nuestros sectores más populares.
Hagamonos responsables.

Bárbara dijo...

Que buen escrito amigo... me recuerda a la historia que me contaste de la sopa en una de tus misiones... pero en realidad esta es una analogía de la tremenda brecha de desigualdad social que vivimos en Chile... me hizo mucho sentido que señalaras que se entiendo con el estomago... sin duda cuando entendemos algo desde ahí es muy posible un cambio porque en el estomago es donde residen mucha veces los mecanismos que modulan la rabia, el descontento, etc... Y es en esta indignación ante el dolor humano la única fuente posible de cambios.... Como decía Marcusse... un filosofo alemán sediento de esperanzas de un mundo + humano...

Abrazos Benja espero verte luego

Anónimo dijo...

no pongo en duda que fue una "gran cena"............
Si asi se educara a todo el mundo otro pais tendriamos.