martes, 4 de septiembre de 2007

Camuflado entre los ultimos

El problema de preocuparse solo de tu familia y de los tuyos es que se pueden crear situaciones como la que vi el sábado en una plaza cerca de mi casa.
Don Alejandro, sufriendo cesantía hace ya bastante tiempo, necesitaba urgente algo de plata para un pasaje que lo sacaría tanto de Santiago como de la cesantía por un nuevo trabajo que finalmente le había salido en provincia. Sin embargo, su desesperanza camuflada entre los empresarios y adultos jóvenes que paseaban a sus hijos y que rechazaban conversar con “ese tipo que no era de los de ellos” (como yo también lo he hecho), aumentaba cada vez la angustia, haciendo del ruego de Alejandro una suplica profunda; ruego desesperado de sabado en la tarde.
¿Qué podía hacer él ante tal soledad y ante el violento silencio que ejecutaban las familias que ni siquiera lo miraban? ¿Cómo comunicarles de corazón a corazón, en serio, a cualquiera que lo pueda escuchar, que por favor tuviera compasión de él, que no lo ignore, o que por lo menos le diga “no compadre, no puedo”? ¡¿Como podía estar sucediendo que a metros de tu imagen publicitaria de "familia feliz" estuviera camuflado el mismo Dios rogándote una reflexión de la situación y una reacción?!
Ante tal decadente escenario no vengan a alegar después de que surgen cristianos medios progresistas, con predicas medias revolucionarias como lo fue hurtado en su época, porque eso si que es un caldo de cultivo.

"Si te quedas contigo mismo encerrado entre los tuyos,
instalado en tus pantuflas, a puertas cerradas, a ventanas tapiadas;

dejarás a Dios a la intemperie, al otro lado de tu vida. “Donde está tu tesoro, está tu corazón". Si tu tesoro se llama propiedad, capital, seguridad, poder para tener más; tu corazón anda en mala compañía.

Se vuelve limitado como el terreno cercado de una propiedad.
Se vuelve materia, como la espesa consistencia de tu capital adorado.
Se vuelve encogido y temeroso, necesitado de más y más seguridad.
Se vuelve frío o injusto como el poder al servicio de la riqueza.
Ven, triste hermano, abre tus ojos" Esteban Gumucio.

3 comentarios:

Arturo Márquez dijo...

Wena Jamo!
Es cuatico como derrepente se nos olbida mirar un segundo al lado. Siempre como caballos de carrera, mirando hacia al frente, hacia nosotros mismos.
Siempre cuando veo a gente escuchando mp3 con los audifonos, como que derrepente pienso: "¿No se aislaran mucho con esas cosas?". Yo ando siempre sin audifonos ni nada por el estilo para que pueda escuchar de la gente que esta al rededor, por si acaso o tratar de disfrutar de los cotidianos ruidos. Como que es rico escuchar donde uno está. Sobre todo en estas mañanas que se parecen mas a mañanas de primavera, como que tienen una melodia de tranquilidad.
Saludos

La vida es un album de fotos dijo...

A mi me gusta andar en bicicleta por lo mismo. Ciento que cuando te subes al auto ya no eres tu en la ciudad directamente, sino tu dentro del auto en la ciudad; ya no hay contacto.
Aunque debo admitir que me encanta andar en bici con audifonos... de vez en cuando uno tiene la necesidad de no saber nada por un rato. Pero por un rato eso si po.



Y Benja, te llamé a tu casa y a tu cel hoy para que pintaramos el cuadro de eaudelachet, pero bueno, pa otro dia.
Y estoy media mareada porq estoy a dieta y no puedo comer pan ni azucar. Me siento como una drogadicta en rehabilitacion. O al menos algo asi debe ser, que se yo.

Y eso adios jjajjaj
interesante lo que escribiste, a ver si te pasas por mi blog tambien. Alguien ya lo hizo me insultó gratuitamente =)

¬¬

Fernando Arancibia Collao dijo...

En verdad estamos de acuerdo en que todo no está marchando bien. Yo lo atribuyo a varias causas: por mi pensamiento anarquista y cristiano puedo pensar que el orden económico (mercado) como el orden político (Estado) son entes que se fundamentan en la animalidad del ser humano y no en su humanidad y que fomentan la perpetuidad del orden que se vive actualmente.
El pensamiento cristiano viene a moderar las posturas radicales anarquistas en cuanto la "revolución" no necesariamente debe ser violenta, pero sí radical en el sentido de que debe negarse todos estos entes determinantes de la libertad humana y su condición.
La revolución no se hace por la vía violenta; tampoco esperemos un cambio inmediato. Pensemos en Cristo. Su revolución no fue ni violenta ni inmediata sino progresiva; pero radical, en cuanto cambia toda la concepción del mundo decadente romano e instaura un orden moral distinto y más humano.
Por eso un buen cristiano es un revolucionario, y un buen revolucionario es cristiano.